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La publicidad subliminal

Creado: 05/07/2017 - 4:41 pm

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Vice President & COO - Mateo Arjona

mateoarjona@strategee.us
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Mucho se ha escrito sobre la existencia y funcionalidad de la publicidad subliminal. Existen hasta libros completos dedicados al tema; el cual, por su atractivo, genera de inmediato cierto halo de misterio o de conocimiento prohibido en su uso, que le da un tinte de atractividad superior.

La realidad con la publicidad subliminal es que esta sí existe.

Pero la realidad con sus resultados es que estos no son ciertos.

Cada vez que algún publicista, por motivación propia o bajo encargo diseña -bajo los preceptos indicados por la publicidad subliminal- un anuncio escrito o digital para un medio en particular, subsiste el inmenso deseo de que ese anuncio genere una transformación de la conducta en quienes lo están viendo, al punto de que sea capaz de detonar un comportamiento preestablecido como reacción a la exposición del aviso.

Nada más lejano a la realidad. Vamos a ver en detalle por qué y lo vamos a ver con un ejemplo:

 

 

El logosímbolo presentado arriba es la imagen de marca del zoológico de Pittsburgh. Los que impulsan la creencia popular de que la publicidad subliminal genera una conducta particular impulsada por las imágenes expuestas o los mensajes difundidos, manifiestan que existen “mensajes cruzados”, “mensajes interpuestos”, “diseños de grafismos o elementos que muestran equis cosa”.

Tal y como pasa con el logosímbolo del zoológico anteriormente expuesto, que es precisamente las formas del felino y del orangután, son visibles; es decir, son perceptibles; técnicamente hablando, son estímulos visuales que fueron procesados por el cerebro del consumidor y para que ello fuese posible, el estado del cerebro del consumidor debe de haber estado en un estado consciente de percepción, interpretación y asignación de significados a los que ve. Pero es imposible que cuando un consumidor no está consciente –es decir, no está en el estado liminal, sino subliminal- pueda producir pensamientos, interpretaciones, conjeturas, las cuales requieren de un procesamiento consciente; es decir, requieren de que se esté en el “liminal” para que se pueda percibir de forma clara lo que se ve, se pueda procesar su significancia y se asignen resultados de la interpretación que se hizo de lo que se percibió por parte de ese receptor sensorial estimulado.

Es imposible percibir, interpretar y asignar significados a algo en el estado subliminal o inconsciente.

Todo lo que se vea y perciba, es finalmente porque fue procesado por el estado consciente; de allí que, si se ven en el logosímbolo del zoológico los croquis de un felino y de un orangután, es porque se procesaron y se vieron de forma consciente, no subconsciente, donde es imposible el procesamiento.

Lo que el publicista ha logrado, es un maravilloso logosímbolo basado en la escuela alemana de la Gestalt en la cual, bajo el principio de “Figura y Fondo” consigue interpretar la figura del árbol, al mismo tiempo que se interpretan los dos animales comentados. Pero para que esto se haya podido procesar, repito, es necesario que el cerebro esté en el estado del “liminal” o consciente.

Infortunadamente siguen existiendo incautos que caen en la trampa de quien abusa de su ingenuidad y logran enredar a algunas personas y compañías, diseñándoles piezas publicitarias que “harán milagros” porque son subliminales o contienen mensajes subliminales.

Otra de las prácticas manidas de quienes promulgan el funcionamiento de la publicidad es que la relacionan siempre con conductas sexuales, lo cual ya es algo pasado de contexto. Cuando la publicidad subliminal se hizo conocer en el mundo, el sexo era un tabú, pero ya hoy no lo es.

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